viernes, 14 de enero de 2011

Kafka en la orilla

Kafka Tamura y Satoru Nakata personajes centrales de Kafka en la orilla de Haruki Murakami, cargan valiente y heróicamente el peso de la materia orgánica con que se ha escrito históricamente la literatura. Kafka Tamura, joven de quince años que decide abandonar el hogar para huir de una relación trabada con el padre, quien le ha lanzado una maldición según la cual Kafka ha de repetir el trágico mito edípico, viaja al sur de Japón donde recala en una biblioteca regentada por la señora Saeki y Oshima (un personaje exquisito, de quien Murakami en muchas ocasiones se vale para redescubrir la dialéctica) de los cuales el joven Kafka se nutre intelectualmente a falta de la escuela que ha abandonado en su huida. Por su lado Satoru, un individuo que tras quedar despojado en su juventud de sus capacidades intelectuales, en un incidente durante el bombardeo americano a Japón, potencia su sensibilidad humana y adquiere un extraño poder de comunicarse con los gatos quienes le dispensan más atención que muchos humanos. Satoru, se erige con su historia paralela en una suerte de alma complementaria de Kafka Tamura y con ello nos alumbra los entresijos de la novela, donde si bien uno transita férreo en la tarea de encontrar su sitio en el mundo el otro deambula con la mayor levedad por el transcurso de los sucesos, siempre condicionado a la combustión por lo externo. Kafka en la orilla es una novela iniciática, poseedora de un velo sublime de ternura y desparpajo, que revela al lector las potencialidades del alma humana. Su creador se ha ocupado detalladamente de reescribir, a partir de reiterados guiños literarios, temas de interés universal utilizando ópticas que alumbran al lector con una atemperada fantasía, y una vasta y nutritiva declaración de principios que nos arrastra el pensamiento y la inquietud. Partiendo desde similitudes reveladoras Murakami nos decanta la influencia de autores a los cuales ha traducido al japonés (Salinger, Raymond Carver, Scott Fitzgerald, John Irving), a los cuales se equipara y potencia con las adiciones que magistralmente condimentan esta envolvente lectura.

Reynaldo Hernández